Cuando sufrimos
una enfermedad que se denomina neurosis es porque hemos necesitado defendernos
de un afecto hacia una determinada persona o situación, que hubiera sido penoso
experimentar concientemente, así que preferimos desplazarlo o transferirlo
sobre la representación de otra persona o de otra escena. Por ejemplo, Juanito,
el niño cuya fobia Freud psicoanaliza, prefiere temer y odiar a los caballos
que a su padre.
Cuando
enfermamos de otra manera que se llama psicosis, para evitar el desarrollo de
un afecto penoso, necesitamos cambiar la imagen que tenemos de la realidad,
alterando nuestro buen juicio acerca de ella. Como ejemplo, una madre que, ante
la muerte de su hija, acuna un pedazo de madera para poder continuar
descargando un afecto de ternura en vez de una insoportable tristeza.
La clave de
inervación es la idea inconsciente que determina la particular cualidad de cada
una de las distintas cargas motoras vegetativas que caracterizan a los
distintos afectos. Neurosis y psicosis mantienen la coherencia de la clave de
inervación.
Pero podemos
enfermar de otra manera: el desplazamiento de la importancia puede realizarse
dentro de la misma clave de inervación de los afectos, así que algunos
elementos de esta clave reciben una carga más intensa en detrimento de otros.
Cuando esto sucede, la conciencia ya no percibe una emoción sino un fenómeno
que denomina somático porque la cualidad psíquica, el significado afectivo de
ese fenómeno, permanece inconsciente. Toda enfermedad somática puede ser
concebida como una descomposición patosomática de afecto.
(Adaptado del libro: Chiozza, Luís, "¿Por qué enfermamos? La historia que se oculta en el cuerpo". Txalaparta, 2010)
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